Hoy os quiero hablar de una historia de amor, de una de las de verdad: Mi historia de amor con la firma de joyería Sansoeurs.

Todo empezó un verano, hace como 4 años. Me hablaron de unos anillos nuevos: Que si eran muy monos, que no eran como los demás, que estos eran diferentes y que me pegaban mucho, que me iban a encantar. No estaba yo muy convencida. Los anillos que había tenido, de unos me había cansado y otros me habían abandonado, al no poder llevarlos todos los días, se habían ido quedando por ahí, y probablemente habrían acabado en manos de otra listilla con buen ojo. Estaba un poco cansada y desencantada.

Y entonces me enseñaron una foto y fue amor a primera vista.

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No lo pude evitar, fue un flechazo, de esos de Cupido. Era exactamente lo que estaba buscando. Juveniles pero con un toque de madurez. Perfectos para todos los días. Dorados o plateados. De formas diferentes. No me separaba de ellos. Me levantaba por la mañana y era lo primero que veía. Bajaba a la playa, baños, sol, paseos, tardes de cervezas y noches de conciertos y discotecas. Incluso fiestas más ditinguidas o cenas con mis padres. Todo el mundo me preguntaba por ellos y  yo los enseñaba orgullosa y pletórica.

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El tiempo fue pasando y mi colección fue aumentando. Pero, aunque tenía mucho donde elegir entre los anillos, notaba que me faltaba algo, y empecé a querer cubrir otras facetas y necesidades . No sólo de anillos vive una. Y no tuve ni que pedirlo, apareció Sansoeurs con su colección de pendientes, colgantes y pulseras:

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Estaba feliz. Todo iba como la seda. Era perfecto porque aunque siempre llevaba algo de Sansoeurs, no me cansaba jamás, se habían mimetizado con mi cuerpo. Ya eran como parte de mí. A veces no me acordaba ni de que los llevaba puestos, porque el tamaño y el diseño hacían que para mí pasasen desapercibidos en el día a día. Pero no significaba que el resto de personas no los viesen, porque siempre llamaban la atención de alguna que me preguntaba por cualquiera de las piezas. Completaban el look sin llegar a ser los protagonistas, detalle que permitía que pudiese repetirlos lo que me diese la gana.

Pero pasaron los días, los meses, las estaciones, los años. La época de estudiante se esfumó y aparecieron los monótonos días de trabajo, con sus horarios y su rutina que acabaron por arrastrarme. Y cuando te das cuenta, echas de menos las sorpresas, algún cambio espontáneo, detalles inesperados. Empiezas a tener dudas, a fijarte en otras cosas, otras marcas. Necesitas renovarte y que no se vaya la chispa. Y una vez más, ahí estaba Sansoeurs.

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Estaba claro, se había establecido una relación de verdad. En todos los cambios y momentos que habían ido teniendo lugar en mi vida, Sansoeurs no me había fallado, y no nos habíamos estancado, sino, todo lo contrario, habíamos crecido, madurado y pasado los mejores años de mi vida juntos.

Lo tenía claro, no había dudas. Empezó por un amor de verano, que pasó a una relación adolescente, que se había transformado en una historia que no quería que terminase. Quería que estuviese conmigo en un futuro y siempre. Es el momento de dar el paso, y Sansoeurs está de acuerdo. Acaba de sacar su última colección…y he dicho que Sí.

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Ya os lo dije al principio. Esta no es una historia de amor cualquiera. Esta es una historia de amor real, de verdad, duradera, y para Siempre. Y estoy segura de que habrá muchas colecciones más.

Y fueron felices y comieron perdices….