Este fin de semana empiezo mi temporada de bodas y no me puede apetecer más. Sé que a mucha gente las bodas le parecen un horror, un rollo, más de lo mismo, un gasto de dinero y una pérdida de tiempo. Supongo que esto lo dicen personas que van a muchas bodas “por compromiso”. Yo afortunadamente puedo decir, que NUNCA he ido a ninguna boda por compromiso, siempre me han importado los novios (o al menos uno de ellos), me hacía ilusión poder estar ese día allí con ellos, y he disfrutado como una enana.

Me encantan porque los protagonistas están tan felices y sonrientes, que contagian al resto. Me encantan los hombres de chaqué y lo guapas que se ponen ellas. Me encantan los niños de pajes y las niñas de damitas. Me encanta el momento justo cuando entra la novia en la iglesia y por fin la ves con el traje. Me encantan los padrinos sonrientes andando a su lado mientras intentan calmarlas. Me encanta la mirada del novio expectante e impaciente desde el altar al verla entrar. Me encanta cuando leen los votos y les sale voz nerviosa. Me encanta el ramo de la novia. Me encanta el abrazo que le das cuando sale de la iglesia. Me encanta llegar al sitio de celebración y descubrir que la decoración es espectacular. Me encanta el misterio al ir a mirar en qué mesa te ha tocado. Me encanta que te toque con quien querías. Me encanta probar todos los mini manjares que pasan los camareros. Me encanta la nueva moda de poner cócteles en el aperitivo. Me encantan las fotos con tus amigas para mandárselas a tu madre inmediatamente y comentarle cómo va la novia. Me encanta cuando te sientas en la mesa y descansas un poco los pies. Me encanta que después de los cócteles te pongan vino blanco, y después tinto… Me encanta que de postre haya algo de chocolate. Me encantan los nombres que les ponen a las mesas. Me encantan las mesas redondas y poder hablar con todo el mundo. Me encanta que te levantes y ya vayas contentilla. Me encanta el baile de la novia con el padrino. Me encanta que los novios no sepan bailar el vals y que se mueran de risa. Me encanta el primer baile de casados de los novios y cómo se sonríen. Me encanta que pongan “color esperanza” y que las señoras bailen en corro moviendo los brazos en posición de “alitas”. Me encanta cuando ponen un TEMAZO y hay un subidón generalizado en la boda. Me encantan los señores bailando. Me encanta que la gente gesticule según la letra de la canción. Me encanta la cara de paciencia del dj cuando te ve acercarte por vigesimoquinta vez. Me encanta que alguien empiece una conga (y que siempre suela ser el mismo). Me encanta las visitas al baño y comentar. Me encanta la recena (mucho). Me encanta la actitud de todos de querer pasárselo bien. Me encanta que haya grupo de música. Me encanta cuando se van y el micro lo cogen otros. Me encantan los momentos de exaltación de la amistad con la novia o el novio. Me encanta cuando te cambias de zapatos y empiezas de cero. Me encantan las fotos del final (y compararlas con las del principio). Me encanta el autobús de vuelta porque siempre hay alguna anécdota. Me encanta llegar a casa destrozada y con una sonrisa de oreja a oreja. Me encanta comentarlo todo al día siguiente.

Me encantan las bodas y me encantan de principio a fin. ¿A vosotros no?

¡Qué empiecen!