Hay señales que te indican que algo ha cambiado. Una tarda en darse cuenta, porque aparecen poco a poco y de manera progresiva, pero ahí están y además por todas partes.

Lo notas en el tema de las llamadas y mensajes del día después de salir, en los que antes se comentaban anécdotas y se ponía hora para la próxima quedada. Ahora se han convertido en mensajes de ánimo y apoyo, consejos de cómo superar el terrorífico día de angustia, dolor y desasosiego en el que acabas de amanecer, o auténticos discursos de despedida porque tienes el convencimiento que de resaca se podría morir.

También te dice algo que la organización de tus vacaciones, días libres y fines de semana se organizan según bodas, bautizos y despedidas de soltera.

A la playa ya no vas con aceite, Nivea o Coca-Cola para ponerte morena (¿qué tipo de guarrada era esa?), las has cambiado por la crema protector 50 y pantalla total que llevas siempre en el bolso.

Los zapatos de tacón kilométrico (a los que miras con odio y rencor profundo) ceden su sitio en el armario a la nueva colección de zapatillas de deporte y zapatos planos a los que tanto quieres.

En el cuarto de baño las cremas anti-acné han dejado paso a las antiarrugas, anticelulutis, antimanchas, anti-todo-lo-que-ahora-invade-tu-cuerpo.

La palabra en inglés que más utilizas no es gin-tonic es running, y los chat de whatsapp no tienen títulos como: “grupo de salidas” si no más bien: deporte y salud.

Te das cuenta que la firmeza y posición de las partes de tu cuerpo que pensabas que eran inamovibles, han pasado a caerse de una manera alarmante y que ya no vale con cuidarse dos semanas antes de verano, si no que tienes que ser constante con una buena alimentación y hacer ejercicio casi a diario durante meses (¡meses!) para que esa barriga vuelva a ser la que fue y ese culo vuelva a estar donde estuvo (¿en qué momento llegó hasta la altura de las rodillas?).

Te encantan los planes de medio día, unas cervezas, alguna copa y a la cama pronto para aprovechar la mañana siguiente (¡el fin de semana tiene mañanas y no mañaneos! Gran descubrimiento). Disfrutas con cenas tranquilas en restaurantes o incluso mejor en casa, que tanta gente alrededor ya molesta. Y si puedes escaparte el fin de semana por ahí, y descansar del mundanal ruido, eso ya es lo máximo.

Puedes hacerle comentarios a los de 18 del tipo: “Cuando yo tenía tu edad..” “¿Pero qué te enseñan en clase?” “No me acuerdo de eso, hace más de 10 años que terminé el colegio” “Niño, háblame con respeto”.

Tus planes de futuro ya no son el fin de semana que viene, si no que son a meses, incluso años vista, porque el tiempo pasa demasiado rápido, y los días son casi segundos en los que no recuerdas bien qué hiciste.

Tus veranos constan de 2 semanas que aprovechas y organizas minuciosamente y ahora eres capaz de condensar en 15 días lo que no te daba tiempo a disfrutar en los antiguos dos meses.

En fin, que cuando te paras a pensar en todas estas nuevas circunstancias y descubrimientos, aún te queda uno que cambiará el ritmo de tu vida: y es ése que ocurre el día que miras el calendario y ves que se acerca tu cumpleaños y  te pones a echar cálculos para saber cuántos cumples (porque, no sabes muy bien el motivo, pero dejaste de sumar años a los 27), tales como: si en la Expo del 92 tenía…y cuando Rosa fue a Eurovisión tantos…¡ESTE AÑO CUMPLO 30!

Sí, exactamente todo esto es lo que me ha pasado este año. Así que ante semejante shock, pasó ante mí la película esa de tu vida que dicen que ves antes de morir, y recapitulé rápidamente estos 30 años que han pasado casi sin darme cuenta: gente conocida, anécdotas vividas, mejores momentos, objetivos cumplidos, viajes…. Y pensé en preguntarle a las personas de mi entorno que están en mi misma situación, que me dijeran “Cosas que les hubiera gustado o que todavía quieren hacer antes de los 30″, y estas fueron las respuestas de hombres y mujeres con el 3 ya en su edad o a punto de cumplirlos (el orden es aleatorio):

- Viajar a La India (algunos una semana, otros un mes, otros durante meses, pero fue casi la respuesta más dada, así que habrá que fletar un avión)

-Ser madre

-Hacer una orgía

-Dejar de comerme las uñas

-Viajar a Nueva York

-Conocer a la mujer de mi vida

-Montar en globo

-Aprender un segundo o tercer idioma

-Vivir en el extranjero

-Conocer Australia

-Leer una lista enorme de libros

-Independizarme

-Ir a la Tomatina

-Hacer un voluntariado/ir de misiones

-Ir a ver el Lago de los Cisnes

-Hacer el Camino de Santiago

-Casarme

-Recorrer Sudamérica

Como veis algunos personales y un poco complicados (aunque no imposibles, la vida da muchas vueltas) por el escaso tiempo libre y la, cada vez mayor, estabilidad sentimental y laboral. Pero otros más generales y todavía posibles y fáciles de cumplir, lo único que se necesita es tiempo, y de éso aún nos queda muchísimo.

Pero me gustó ver que al igual que hay muchas cosas que, con el cambio de década y de etapas pasadas, se dejan atrás y se echan de menos, hay otras muy buenas que traen consigo otros retos, objetivos y sueños que habrá que esforzarse por conseguir, y a los 40, volver a revisar, borrar los tachados y apuntar otros nuevos.

Si aún no tienes tu lista, aquí te dejo otra que puede ayudarte:

 

¡¡FELICES 30!!