Fue tan bello vivir 
cuando vivías! 
El mundo es más azul y más terrestre 
de noche, cuando duermo 
enorme, adentro de tus breves manos.

Pablo Neruda

 

 

Hace unos días hice otra de las visitas obligadas cuando uno está en Santiago de Chile: La Chascona.

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La Chascona era el nombre por el que llamaba Pablo Neruda a su amante y gran amor de su vida Matilde Urrutia, quien tenía una abundante y “chascona” (que significa en quechua: enmarañada, enredada) cabellera rojiza. También significa estrella, y la mezcla de esas dos palabras, una estrella de pelo enredado, se puede ver en símbolos que plagan la casa como los hierros de las ventanas.

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Pablo Neruda mandó a construir la Chascona cuando aún estaba casado con su segunda esposa, Delia. En esta casa se veía y reencontraba con Matilde cada vez que Neruda podía, ya que ésta vivió allí sola hasta que por fin el poeta dejó el hogar que compartía con su mujer.

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En las faldas del Cerro de San Cristóbal, La Chascona llama la atención por estar rodeado de árboles, plantas, vegetación y naturaleza que le recordaban a sus años de infancia y juventud en Temuco, los cuales le marcaron para siempre tanto en su vida como en su poesía. Un lugar bucólico, tranquilo, con pasadizos y lugares secretos donde perderse y esconderse, con pequeñas terrazas para desconectar, disfrutar, reunirse con los amigos, escribir y por supuesto vivir una de las mayores historias de amor.

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Por dentro (no dejaban hacer fotos) La Chascona está llena de objetos, muebles, rincones y materiales que te trasladan directamente al adorado mar de Neruda. Caracolas, cuadros, muebles traídos de barcos y las ventanas que dan a las estrechas estancias como el comedor y al bar de techos bajos de madera que imitan y directamente te hacen sentir que estás en el interior de un velero. Del amor que sentía por el mar y por Matilde nacen sus poemas de Los Versos del Capitán, nombre con el que también firmaba muchas de las cartas de amor que le mandaba a su “chascona”.

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Miles de recuerdos que se traía de todos sus viajes por el mundo decoran la casa: copas de colores de Portugal, muñecas rusas, mesas francesas, lienzos de China… Pero los mejores recuerdos de esos viajes, para mí, son las cartas que le escribía a Matilde mientras estaba lejos de ella. Escritos que pueden leerse en el libro “Cartas de amor” y que yo ya estoy deseando comprar. Desde luego, después de haber estado en un sitio tan especial para ellos, su escondite y donde vivieron juntos por fin hasta el final de sus días, lo apreciaré y valoraré aún más.

Os dejo algunos:

“Y todos los besos que caben en tu boca” 

12 de julio de 1954, el día del cincuentenario de Neruda. 

Amor mío, mi primer beso y mi primer pensamiento para mi adorada. Le mando algunas flores y a Ricardo por si lo necesita. Me quedo a ver si puedo escribir mi discurso. A mediodía corro a verla, mándeme el coche. 

50 años de amor para 
tí y todos los 
besos que caben en tu boca 
postal y en tu corazón 
que tiranizo 

Tu Pablo

“Adonde vayas, vas hacia mí” 

Sueño mío, adorada mía, sabes donde vas? 
Vas hacia mí. Adonde vayas, andes, vueles, corres, vas andando, volando, corriendo hacia mí.

Cartas de Amor, Pablo Neruda.