El tema de hoy es un viaje apasionante: el Camino de Santiago recorrido a pie desde Irún. Yo desgraciadamente no he podido hacerlo todavía, pero una persona muy cercana y especial para mí, lo está viviendo ahora mismo. Así que le he pedido por favor, que me mandase un resumen de lo que lleva caminado, porque creo que no hay mejor narrador que el propio aventurero, para que os describa su experiencia en primera persona y os enseñe, a través de sus fotos, los paisajes y caminos que va descubriendo (en la galería de arriba).

“Me anima una Pulga a escribir sobre el Camino de Santiago, que comencé hace unos 20 días y del que llevo recorridos ya algo más de 400km.

Escribir sobre el Camino de Santiago y ser original es, como mínimo, complicado; lo cierto es que diez siglos de historia narrados por peregrinos de todo pelaje y condición dejan poco hueco a la originalidad.

Aviso pues, para empezar, que estas líneas no contarán nada que no se haya dicho antes y que tampoco recogerán una lista de consejos prácticos sobre cómo llenar la mochila sin optar a una hernia de disco o cómo evitar las temidas ampollas. La red ya está llena de páginas e incluso vídeos en los que el peregrino encontrará con facilidad toda esa valiosa información y, llegado el momento, no tendrá problema para amputar el pie dolorido cual experto cirujano, en caso de ser necesario. 

Pero lo cierto es que no se trata de eso.

Se trata de que el Camino es un viaje, y para hacer un viaje es bueno tener motivos. Cada peregrino tendrá el suyo y a falta de fines mas trascendentes hay uno que ya viene marcado de antemano: llegar a Santiago. Todo viaje, además, implica movimiento, y el movimiento es una cuestión de tiempo y de espacio. Creo que muchos van buscando sencillamente eso: tiempo y espacio.

La elección de la ruta ( Camino Francés, Norte, de la Plata…), la época del año y la compañía, determinarán a priori la experiencia que uno tenga del viaje. No me atrevería a decir cuál de ellas es mejor o peor; todas diferentes, todas seguro con sus ventajas y sus inconvenientes. Yo sólo puedo contar la mía, porque es la que estoy viviendo:

Elegí el Camino del Norte aunque soy del sur porque me gusta el mar, me gusta el viento y me gustan los muros con musgo entre las piedras. Elegí no hacerlo en verano porque me gusta ver un cielo amenazante y la calma que precede a la tempestad, también me encanta la calma que llega tras la tempestad y, a veces, la propia tempestad. O sentir auténtica felicidad por ver dos rayos de sol aparecer entre las nubes.

 No elegí hacerlo solo, aunque sí decidí no dejar de hacerlo. Hay momentos, los mejores, que siempre hubiese preferido compartir (la red y un buen móvil algo ayudan). Pero creo que aprender a disfrutar uno mismo, sin compañía, es una lección siempre gratificante y realmente necesaria para la vida.

El sentido religioso no es imprescindible. Pero pasas por ermitas y cruceros, abandonados en medio del monte, comidos por la vegetación y el paso del tiempo, con nueve siglos entre sus piedras. Sentir que algo de eso te pertenece y se puso allí expresamente para tí… supongo que no todo el mundo tendrá la suerte de poder apreciarlo.

El tiempo que dedicas al camino es decisivo. Yo he tenido la suerte de disponer de treinta días. Al llegar a las dos semanas el cuerpo y la mente cambian, físicamente. El cambio de ritmo es radical, nadie camina seis horas seguidas durante tantos días y literalmente hay algo de “desconexión”, en la cabeza y en el cuerpo. Una mezcla de cansancio, lucidez y serenidad.

Ya “sólo” me queda algo menos de la mitad de camino, quizás la más dura, el llamado Camino Primitivo entre Oviedo y Santiago. Mucha montaña, paisajes, soledad y los orígenes históricos de la peregrinación, por los reyes astures, a caballo entre la realidad y la leyenda. Y comienzan a sentirse las ganas de llegar a Santiago.

Pero os escribía antes sobre los motivos para hacer el camino, y si todavía no encontráis los vuestros, aquí os dejo algunos de los míos, aunque sólo sean diez; si os soy sincero, creo que la mayoría los descubrí caminando.

1.- Calzarte en casa unas buenas botas, cargarte a la espalda tu mochila de diez kilos y sentir que podrías recorrer el mundo entero si te lo propusieras.

2. Iniciar la marcha el primer día con una mezcla perfecta de expectación y convencimiento.

3. Conocer a otros peregrinos y hablar con ellos como si todos fuerais expertos exploradores de profesión.

4. Seguir las flechas amarillas. Enfadarte con ellas cuando las ves indicar una cuesta arriba y enfadarte con ellas cuando no las ves.

5. Olvidarte de las flechas amarillas para subir aquel cerro desde el que tiene que haber unas vistas espectaculares.

6. Coincidir cada cierto tiempo en albergues y caminos con los mismos peregrinos y seguiros la pista unos a otros como si todos fueseis fichas en un tablero de 900km.

7. Pensar que no puedes más a falta de 10km para el albergue y descubrir 10km después que al final sí podías.

8. Ver con impotencia como te cae una manta de agua a mitad de etapa y no saber si llorar desconsoladamente o reír a carcajadas.

9. Conocer gente de todo el mundo, jóvenes y mayores, y confirmar aquello de Oscar Wilde de que, a partir de los 25, todos tenemos la misma edad.

10. ….me queda medio camino! Creo que mejor guardo espacio para nuevos motivos que seguro están por llegar.

Ultreia!!”