Cuando empieza el buen tiempo es inevitable ponerse a pensar en las vacaciones de verano. ¿Qué hacer en esos valiosos y escasos días del año? Dependiendo de la edad, el estado civil y las posibilidades económicas, se empiezan a barajar distintos destinos. Pero creo que una opción que encaja tanto para gente joven como para más maduros; casados, solteros y novios; y con presupuestos para la mayoría de los bolsillos, es la de viajar en coche por Italia. O por lo menos te encantará si en tus viajes no puede faltar: paisajes espectaculares, ciudades únicas, cortas distancias, playas con encanto, rica gastronomía y cultura.

¿No termino de convencerte? Pues lo voy a volver a intentar contándote mis 10 razones para hacer un road trip por Italia.

1. La pasta y los helados

Quizás debería dar un consejo primero: perder unos kilos antes del viaje. Y el que avisa no es traidor. Porque te apetece todo a todas horas. ¿Cuál es el secreto de esas masas de pizzas de metro y medio la porción, tan finas y sabrosas? Todo tipo de ingredientes para poner encima, da igual, tú eliges, y lo que elijas estará bueno, te lo aseguro. Y eso sólo es el mundo de las pizzas (sí, es un mundo de verdad) porque luego está la interminable variedad de tipos de pastas y salsas. Si no fuera porque con un plato estás hasta arriba, te podrías pedir la carta de menú entera. Lo complicado de hecho es decidir, pero da igual, porque pidas lo que pidas te alegrará comprobar que has acertado.

Y luego llegan los gelatos. ¡¡Ay, los gelatos!! Trozos de cielo de distintos sabores. Y no es que me haya puesto poética, es que son exactamente eso, sin exagerar. En cada lugar de Italia en el que he estado, ha habido un anfitrión que me ha llevado a alguna heladería. Mientras entraba en ellas, como si de un lugar sagrado se tratase, mi particular experto en helados me confesaba al oído a modo de secreto de estado:  “esta heladería es la mejor del país”. Y puedo decir que  no mentían, para mí todas fueron las mejores. Por cierto, a ver si aprenden por aquí de los tamaños que hay que poner, que en España a cualquier cosa se le llama bola de helado.

Una recomendación: Si vais a San Gimignano, visita obligada a la heladería de la Plaza del Pozo. Ya me lo agradeceréis.

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2. La Toscana

Un sin fin de pueblecitos dispersos entre paisajes de película. Es el plan perfecto para ir en coche. Puedes desayunar en San Gimignano, comer en Volterra y cenar en Montepulciano, por poner un ejemplo. Pasear por las estrechas calles de cualquiera de ellos, asomarte al mirador y pensar que es tu sitio favorito del mundo…hasta que llegas al siguiente pueblo. Mirar por la ventana del coche y casi sin darte cuenta, empezarás a imaginarte en una de esas idílicas villas, tumbada en una hamaca mientras las flores trepan por las paredes que llegan al balcón de tu cuarto que….perdón, ya paro, son los recuerdos..

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3. El Palio de Siena

Si tu viaje coincide con alguna de estas dos fechas: 2 de julio o 16 de agosto, no te puedes perder el Palio de Siena. Una de las carreras de caballos más antiguas y famosas. Puede ser una de las razones de mayor importancia de este viaje. Y puedes ir en coche sólo a pasar el día. Es una fiesta que empiezas a disfrutar en cuanto entras en las calles del centro de la ciudad. Desde primera hora del día , Siena está engalanada,recorrida por hombres desfilando vestidos con trajes de la época, portando las enormes banderas de su Contrada (barrio) que mueven y tiran al aire como si de palillos se tratasen. Se respira emoción por todos los rincones y aunque no sepas muy bien de que va, te contagian y acabas participando como un sienés más. La gente empieza a entrar en la Piazza del Campo, donde tiene lugar la carrera, desde muy temprano para coger buen sitio, y no es mala idea, teniendo en cuenta que suele haber 70000 espectadores.

La carrera en sí dura 2 minutos, lo que tarda el caballo ganador (con o sin jinete) en dar 3 vueltas a la plaza. Pero el ambiente y los nervios son tantos, que se vive intensamente. Y quédate bien con el ganador, porque según la tradición, ese será tu equipo para siempre.

Creo que poco más puedo decir, hay que vivirlo.

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4. Perderte…y encontrarte

Esto para mí es una de las mejores cosas de viajar en coche. Coger un mapa (de los de papel, nada de GPS), abrirlo y arrancar el coche. Disfrutar del paisaje, olvidarte de “ahora tuerza a la derecha” y no querer llegar nunca a tu destino. ¿Lo peor que te puede pasar? Confundirte de salida, torcer a la izquierda, perderte y acabar en medio de un paisaje que hace que pares el coche para contemplarlo tranquilamente y hacer dos (mil) fotos o encontrar un pueblo que es aún más bonito que el que buscabas,  ¡y en el que se come mejor!

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5. Los viñedos (y el vino)

Porque ir a un sitio en concreto o viajar en tren o avión, impide que puedas pararte a pasear por los viñedos que te encontrarás por el camino. Y te aseguro que lo harás, ¿o es que todos los días uno pasea por un viñedo italiano? Recorrer los caminos de tierra y agacharte a ver cómo está la uva como si fueras un experto. Tocarlas, olerlas y no poder evitar probarlas y montarte en el coche con la impresión de haber contribuido al complicado proceso de desarrollo del vino que te vas a tomar esa noche. Y ya verás que lo vas a saborear y disfrutar de otra manera….como si fuera tuyo.

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6. Los Lagos

Por llamarlos de alguna manera porque son pequeños mares rodeados de montañas, villas y pequeñas playas. Poseen increíbles vistas, y refrescantes oasis que te dan una tregua para descansar algún día entre tanto paseo y visita. Destino perfecto para cualquiera que necesite tranquilidad y desconexión.  Lo difícil será elegir entre el mundialmente conocido Lago di Como, o el más grande Lago di Garda con sus mini playas tan cuidadas, o los más pequeños como el Lago Massaciuccoli, que compensa su tamaño con la Villa de Puccini, lo que ahora es museo, y donde en verano puedes disfrutar de las vistas al lago mientras escuchas el festival de ópera que se celebra en el teatro.

¿Y si no elegimos y mejor comparamos? Organizamos ruta y arrancamos.

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7. El balcón de Julieta

Y si después de todos estos rincones donde se respira romanticismo por todos lados, no tienes suficiente, siempre puedes ir a ver a Julieta a Verona e imaginarla asomada al balcón hablando con su Romeo mientras le das un beso al tuyo. O le pides mentalmente que tú también quieres una historia de amor, pero a poder ser, menos trágica. Verona puede ser de las ciudades más bonitas de Italia y de las razones más importantes para ir (sí, ya sé que me repito mucho, pero es que es verdad), o por lo menos de las más sorprendentes. Porque a pesar de lo que se cree, no sólo de Montescos y Capuletos vive la ciudad. El Arena, el circo romano donde podrás ver ópera al aire libre en los meses de julio y agosto, o mojarte los pies en el río Adigio después de pasear por el puente Scaligero y contemplar las espectaculares vistas.

Y volviendo al punto anterior: Podrás ir a comer al Lago di Garda, darte un baño y volver a cenar. ¡Están cerquísima!

 

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8. La música

Una razón de peso para ir en coche por Italia es grabarte varios CDs o bajarte todos los grandes éxitos italianos e ir conduciendo mientras te mimetizas con la cultura y te arrancas a cantar con Patty Pravo y su Bámbola. Pisas el acelerador y bajas la ventanilla a dúo con Domenico Modugno y su Volare. Gesticulas y pones el alma al gritar Ti amo de Umberto Tozzi o bailas al ritmo de Ricchi e Poveri que anima el trayecto con Sara perche ti amo. Y por favor, no reniegues de tu adolescencia y deja que salga con Eros Ramazzotti, Laura Pauisini y Neck, porque ahora sí que es el momento de ponerlas con el volumen al máximo. ¡Y a disfrutar!

9. Los italianos

Todo lo anterior no estaría completo sin mencionar a los simpáticos, abiertos, expresivos y divertidos italianos. Con ese acento y don de gentes que te hipnotiza y que aunque lo acabes de parar en mitad de la carretera y te esté indicando cómo llegar al próximo pueblo, te hace reír y sentir que has ganado un amigo. Sonrientes y educados hasta para insultar con ese movimiento de mano uniendo los dedos que minimiza la brusquedad y te sienta hasta bien. Consultas qué pedir en el restaurante y te responden con tanto énfasis que parece que más que de comida, te estén hablando del orgullo nacional…aunque pensándolo bien, puede que así sea. Apasionados y sonrientes, ellos tienen fama de pesados y pegajosos, pero no nos hagamos las interesantes, ir a Italia conlleva ese turismo del piropo, y también es una razón por la que ir.

10. La Gran Belleza

Como la película de Paolo Sorrentino en la que te enamoras perdidamente de Roma otra vez. La luz del paseo a orillas del río Tiber, los siglos de historia con los que tropiezas a cada paso, los manteles de cuadros del barrio del Trastevere, hasta la pulcritud del vestuario de los romanos. Pero como ya os he ido mostrando,  Italia no sólo es Roma, y desde mi opinión, todo tiene una Gran Belleza (en mayúscula y negrita). Los laberínticos callejones de Venecia que acaban en pequeños canales donde asomarte a ver las góndolas. Empezar un paseo en la catedral de Santa Maria del Fiore de Florencia y acabar tomando un vino mientras ves la puesta de sol en los alrededores del Ponte Vecchio comentando la perfección del David de Miguel Ángel. Hacerte la foto de rigor sosteniendo la Torre inclinada de Pisa o pasar por los pórticos de Bolonia y embobarte con cualquiera de los palacios simplemente con sentarte en su Plaza Mayor.

Demasiadas grandes bellezas en un sólo país como para elegir sólo una….mejor cogemos el coche y las disfrutamos todas.

¡Buen viaje!

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